Quiero comentar una noticia que supone un alivio y percha argumental para los defensores de la prensa en papel: Que es mayor el impacto de una noticia escrita en papel que el que se produce en las ediciones digitales (post-encuesta en Mashable). Muchos lo intuían.
Dicho lo cual, creo que el debate real y con enjundia está en el tipo de contenido, el qué, y cómo se cuenta ese qué, no si el soporte te mancha las manos. A fin de cuentas, porque vamos hacia un escenario de soportes ultraligeros. Incluso, es probable que un día la única distinción entre papel y soporte electrónico estará en que nos digan de qué está hecho. Pero más allá de lo fino del soporte, habrá un contenido de lectura más reposada, con información analítica, y luego un tipo de contenido de lectura rápida. Si el contenido es de impacto, impactará.
Además, dentro de la web y en particular en el caso de España, está, ya hoy, el caso de los contenidos en formato papel que se sirven para ser consumidos en el ordenador, la tableta o incluso el smartphone. Hablamos de Orbyt, la plataforma impulsada por Unidad Editorial, y Kiosko y Más, donde Prisa y Vocento, de la mano, han dado entrada a otros grupos ideológicamente en las antípodas, desde Godó a Intereconomía. Son pdfs enriquecidos, con el mismo contenido del papel.
La web Mashable recoge el estudio de tres candidatos a doctor en la Universidad de Oregón en el que se aprecia que las noticias en papel son significativamente mejor recordadas que las que se ven en la web. Entre los motivos aducidos, que el contenido en ésta es más efímero o cambiante (“aparece” y “desaparece”); incluso, se habla de elementos de distracción. La propia porra de Mashable entre sus lectores da como opción más votada la de que las noticias en papel son las más recordadas.
Dar salida al contenido
¿Y el número de lectores reales? Quiero decir. Me encaja que las noticias en papel son mejor recordadas, pero está el hecho de que las que se devoran son las noticias en la web. De hecho, la pregunta clásica del que trabaja en prensa escrita se repite: ¿cuánta gente realmente habrá leído lo que he escrito? Más claro: como se lee tan poco en papel, pues es lógico que se recuerde más y mejor. Aunque solo sea por eso, plataformas como Orbyt o Kiosko tienen todo el sentido. Para dar salida a tanto contenido. Otra cuestión es que el modelo sea, como parece obvio, de transición. Cargadísimos pdfs de decenas de megas —incluso hasta 100 en alguna edición del diario La Vanguardia descargado desde Kiosko— y sin apenas incluir elementos de interactividad, dejan claro que no es que quede mucho camino, sino que prácticamente está entero por recorrer.
Para terminar, dos recados. Señores editores: Qué bueno que sirviera lo del mayor o menor impacto como tirón de orejas, para apostar por informaciones de actualidad más cuidadas en las versiones digitales. Y a muchos redactores, este mensaje: Hay vida más allá de la adaptación de teletipos y esa opción perversa que naciera con los procesadores de texto modernos: sí, las negritas.
