Todos quieren ser Snapchat

Barnimages, cc 2.0

Hemos pasado de la era de la escasez a la época del ‘igual no me interesa guardarlo todo’. El vídeo crece y cada vez mandará más.

Después de Instagram, Apple ha sido el último actor del sector tecnológico en anunciar su propia app de vídeo editado al más puro estilo Snapchat, que crece contracorriente y tiene con el pie cambiado a no pocos actores de la industria de contenidos. Mientras, Google refuerza las posibilidades de Youtube y a la vez presenta su alternativa en mensajería Allo.

En mente, la idea de usuarios que amen las plataformas. Abrirse a un engagement más potente; y a la ruptura con la horizontalidad, ante un móvil que normalmente sostenemos en vertical. Con Snapchat hablamos de un contenido que tiende a ser efímero, aunque se pueda guardar. Y elementos sociales alterados: aquí los fans no hablan entre sí, sino que cada seguidor responde o no al creador del contenido, en una conversación que se produce uno a uno, sin que los fans o seguidores tengan conocimiento directo de esos comentarios.

En Snapchat, ¿son contenidos donde prima la inmediatez? No necesariamente. La aplicación permite edición sobre la marcha, favoreciendo piezas creativas lejos del concepto ‘amateur’. Sketches con gráficos, animaciones… En cualquier caso, contenidos despiezados, como snacks: breves, de unos segundos, entran uno detrás de otro. Muchas veces, de forma adictiva. ¿Y los anunciantes, o los editores? Pues según Evan Spiegel, CEO de Snapchat, son invitados a evitar comportarse como personas. “Un refresco no está feliz, pero desde luego puede transmitir felicidad”, pongo siempre de ejemplo en clase de comunicación. En Snapchat, los anunciantes tienen su espacio, que es diferente al de la conversación de los usuarios. Todo empieza con la cámara, con “un gran producto” en palabras de Spiegel; simple, con filtros. En segundo lugar, el chat, videollamadas, snaps; privados o abiertos. Y en tercer lugar, contenidos: live stories, discover y perspectiva editorial. Partiendo de unos dispositivos que tienen todo que ver con la mensajería pero también, cada vez más, “con lo que haces entre medias”… mientras no conversas. Estas ideas las compartió Spiegel en uno de los Code Conference de Recode.

Snapchat es más ligera que Line o WeChat, que abarcan cada vez más funcionalidades y son para muchos un futuro que ya es presente en China. Allí pude constatar hace unas semanas cómo dominan un mercado que parece de otro mundo. La clase media china usa su particular ‘Whatsapp’ para chatear pero también encuentra publicidad en medio de la conversación y no parece molestarle; o usa la app para pagos, incluso, del recibo de la luz. Allí todo está junto.

La pregunta es si el fuerte de Snapchat es no ser China; centrarse en la conversación y el contenido. Sin temas del momento al uso agrupados por etiquetas, pero con alternativas de eventos y secuencias concatenadas con criterio editorial. Conversación por un lado, consumo de contenidos por otro. Y con el potente resultado: la mayoría de los usuarios crean contenido y a la vez un elevado porcentaje elige, de motu proprio, ver las historias de revistas o marcas. Así que, claro, todos buscan replicar la fórmula estos días.

En un escenario en movimiento, de transición hacia el 5G, a un internet en todas partes, sin problema de velocidad o tamaño de los ficheros. Un contexto de vídeo favorecido por el acceso a internet a alta velocidad y gran disponibilidad. Pero más aún, “latencia mínima, instantaneidad”, en palabras de Alejandro Plater, CEO de Telekom Austria, a quien pude entrevistar en la cumbre mundial de periodistas y editores GEN celebrada en Viena —sí, los actores de la industria ya piensan en el 5G y las nuevas posibilidades—. El plato por tanto incluye: contenido, sobre todo en vídeo. Y disponibilidad, al instante, sin cortes apreciables.

Y una vez teniendo todo… no querer guardarlo todo. Poder aparcar la opción de conservar. Algo que choca a los que crecieron en la escasez, que aún recuerdan esas cuentas de correo electrónico con tope de apenas 2 megas, y que, ahora, cual síndrome de diógenes, lo quieren guardar todo. ¿Qué tenemos? La experimentación. Regresar a la creatividad. Para Spiegel, lo bueno de Snapchat es que te permite cambiar. Tu yo de ayer no tiene por qué ser el de hoy. Esto es clave para los jóvenes y marca la diferencia. Evita que se hipotequen y encaja con el momento cambiante en que vivimos. Pero también es interesante para los no tan jóvenes. De la misma manera que cuando conversamos en privado no lo hacemos con una libreta o una grabadora, igual no nos interesa guardarlo todo. Sin el estrés de conservarlo todo, es más que posible que el impulso creativo se vea favorecido, además del aprendizaje desde la práctica.

* Colaboración publicada en la revista hello world nº 11, de cierre de 2016

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