¡Lectores que opinan!

Suena de nuevo en algunos medios la idea de bloquear la opción de que los lectores opinen en las noticias: poner fin a que dejen sus impresiones directamente tras el texto de la noticia, en sus ediciones digitales. Frente a abrirse a que los lectores aporten e incluso corrijan, surgen quienes se posicionan en contra ante la realidad, aparente, de que la gente tiende a comentar más las cosas negativas. Y “los trolls“.

Pintando... o tapando lo pintado. ¿Igual con los comentarios? Ilustración: Iñaki García Ergüin

En “La psicología de los comentarios en línea“, de la revista New Yorker, y en los motivos aducidos por The Chicago Sun-Times para prescindir de los comentarios (desarrollado en Poynter) se aportan algunas claves para acercarse a la postura de quienes dicen que hay que eliminarlos. Extremos en los que se hace de menos a los demás o se incita a la violencia. O se dice, incluso, que comentarios xenófobos campan a sus anchas.

Pretendiendo una pequeña muestra, lo planteo en clase… y ni uno solo entre una treintena de alumnos de periodismo y comunicación ve bien la posibilidad de que los medios se cierren a los comentarios. Por la “sensación de transparencia” que supone ninguno defiende su eliminación, concebida como also “insólito”. Y el tema de “¡la libertad de expresión!”. Entonces, nos preguntamos: ¿Qué está pasando? ¿Cómo es que los editores se plantean la cuestión y hay quienes optan por algo que a los alumnos les resulta inaudito? ¿Qué se puede hacer?

Primero, avanzar desde lo básico. La actitud de la propia redacción. Que el autor de la noticia o un responsable interactúe puede favorecer el tono del debate, reduciéndose incluso los comentarios negativos (“Study Shows Having Reporters Interact with Commenters Reduces Incivility Annette Strauss Institute for Civic Life at the University of Texas at Austin“). Eso, de entrada.

Por otro lado, avanzar en todo lo que lleve a que la gente se haga responsable de lo que dice, desde su autonomía de la libertad. Esto no es difícil en un escenario en el que los comentarios requieren registro, bien con un formulario en la web del medio, bien con alternativas intermedias como ‘twitter connect’ o ‘facebook connect’, que permiten que los perfiles sociales sean directamente los que aparecen al hacer los comentarios.

Por otro lado está el tema de la moderación, que requiere recursos y tiempo. Y que si se hace, debería ser de manera no arbitraria. Basada en unas normas de la comunidad. El clásico que existe en foros digitales desde los años 90. Desde normas temáticas (se decide sobre qué se habla) a normas de estilo (qué se admite y qué no… como puedan ser insultos o vejaciones). Unas reglas del juego claras. De modo que se reaccione de la misma manera ante situaciones similares. Esto es como la discoteca donde se prohíbe la entrada con zapatillas pero ves que a ti te echan atrás y al que va detrás, con tus mismas zapatillas, le dejan pasar. Eso es lo que se debe evitar con la existencia de unas normas básicas y que se apliquen.

A esto se puede sumar lo que se quiera, si la tecnología acompaña. Como la posibilidad de un algoritmo en función de criterios de ‘karma’/reputación… de modo que usuarios que anteriormente han visto sus comentarios eliminados son penalizados, por ejemplo. Algo así ya tiene en marcha The New York Times.

How ‘Verified Commenters’ Earn Their Status at The Times, and Why - nytimes.com

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‘Contras’ hacia los comentarios

· Comentarios tenderían a ser ofensivos, ocasionando ‘peleas de barrio’ entre los lectores. Y un ‘efecto estampida’ de lectores habituales.

· Críticas… ¿innecesarias?

· Veracidad/credibilidad del medio, puesta en cuestión. ¿Menoscabo de la cabecera?

· ‘Spam’. Cosas que nada tienen que ver. ‘Ensucian’. ‘Trolls’… y protagonismo de los mismos. Insultos.

· Coste de moderación: personas y tiempo extra requerido.

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‘Pros’ de los comentarios 

· Permiten conocer a la audiencia. Crear comunidad (factor incluyente). Cercanía. Participación.

· Coherencia con la razón de ser última de los medios. Favorece la confianza en los mismos.

· Confianza en el lector: presunción de que es maduro. Con criterio propio. Valor positivo para la cabecera.

· ‘Feedback’/reciprocidad medible. Sirven de guía para saber qué gusta al público que te lee. Comentarios de ánimos y agradecimientos suben la autoestima.

· Fomento de una visión abierta. Percepción de imparcialidad, con opiniones incluso contrarias, sin que ello suponga un drama. La gente puede dar su opinión a través de comentarios y a la vez esos comentarios pueden ayudarnos a mejorar, sondeando al lector.

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3 comentarios

  1. Según y cómo y cuándo, vaya…

  2. Interesante y complejo esto. Lo cierto es que desde mi opinión, los comentarios para los diarios son mas una molestia que otra cosa. Mas que los propios problemas que genera el que aparezcan trolls descontrolados o peleas absurdas e insultos, creo que el mayor problema que les surge son las criticas fundadas. A un diario no creo que le preocupe mucho que la gente se encienda en absurdas discusiones, sino que se acuse al mismo de ser parcial, que se aporten enlaces donde se explican partes de la noticia no mencionadas, etc. Es decir, los comentarios aparecen como una evidencia de que el diario no hace bien su trabajo.

    Seguro que también influye el gasto que supone gestionar esto, pero creo que tiene algo mas que ver con una actitud de no querer ver (o que no se muestre públicamente) los fallos del diario en cuestión.

    Otro problema que hay con los comentarios es cuando se busca demasiado la aprobación de la audiencia habitual (o mas bien, socios que pagan cuotas) de manera que termina marcando la linea editorial del mismo hasta un punto en que se llegan a tergiversar realidades y noticias para adaptarlo a las “preferencias” de estos socios. Sobre esto he hablado en mi blog hace poco. Supongo que las red avanza mas rápido de lo que muchos son capaces de entender o reaccionar. Buen articulo, por cierto.

  3. Añadiré una razón de peso a favor. De los comentarios en las secciones más especializadas (Economía, Ciencia, Tecnología…) pueden extraerse fuentes y noticias.

    En general, soy partidario, aun siendo consciente de todos los problemas que generan. Nunca me plantearía cerrarlos por sistema (sí soy partidario de no abrirlos en ciertos temas); como mucho, preferiría plantear la obligación de comentar con nombres y apellidos para que periodista y lector jueguen con las mismas normas.

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